Desayuno sin diamantes |
![]() |
|
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... ladylikeaudrey@hotmail.com
TemasArchivos
Enlaces |
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004. Del tiempo pasado sentada en el frío sueloDesayuno sin diamantes nació como la cruz de una moneda. Y decididamente es la que siempre elegí. Después de muchos tropezones la cara dejó de existir y todo acabó volcándose en este blog. Como curiosidad, cuando comencé el blog dejé de escribir. Y he pasado largas temporadas sin encontrar qué decir o cómo decir lo que sí tenía que contar. De cualquier modo todo se ha ido poco a poco organizando dentro de todo este remolino sin sentido a mi alrededor aunque aún quedan muchas cosas. Volar. Hay días que comprendo que todo ha sido una especie de aprendizaje, para lo que ahora (o durante los próximos años) comienza. Recuerdo a mi grupo de gorriones huérfanos a los que enseñé a volar entre helechos y demás macetas del patio. Y uno en especial, que vivió conmigo muchos años, porque tras varios intentos de “puesta en libertad”, siempre daba un giro y regresaba al capó blanco del coche, y la cara de incredulidad de mi padre. La calma. Es lo único que busco. El silencio. Hoy discutí a ciegas con una vecina (no puedo verla) por el uso de ascensor. Pasado próximo. ¿Evolución? Lo que hay al fondo del pasillo. Lo que ha pasado. ¿En qué carpeta lo guardo? Risas enlatadas Empiezo a no soportar mi capacidad para recordar cada sueño, cada noche. En el último, estábamos gabi, v y yo a punto de subir una carretera con una pendiente muy pronunciada. Estábamos abajo, pensando quien sería el más rápido en escalarla. Allí, donde estábamos, era una especie de descansillo de un edificio. El suelo era de mármol blanco e inexplicablemente, sólo estábamos nosotros. Si mirabas más allá, a nuestro alrededor, ya sólo había matorrales secos. Estuve pensando que sería imposible ganarle a ellos dos con mis botas de tacón de aguja, así que opté por quitármelas, pero descalza me helaba los pies en el mármol; y probé a subir y me resbalaba por el asfalto de la carretera. Era imposible. No podría hacerlo. Conseguí que v se quitara sus zapatos y me los dejara, pero me estaban pequeños. Ella estaba encantada con la prueba, quería empezar cuanto antes y él, gabi, también tranquilo terminando de fumar algún estúpido cigarrillo. Yo, sin embargo, pretendía buscar alguna manera de subir pero por otro sitio. Pero todo lo demás iba hacia abajo, todo era abismo, excepto la carretera. *** Hace unas semanas soñé que visitábamos, unas amigas y yo, una nueva galería de arte. El caso es que estaba vacía. Acababan de cerrar y sólo nosotras seguíamos allí. Pero, el caso es que estaba vacía. Las paredes eran como un lienzo enorme esperando ser pintado. Los pasillos eran largos y sumamente blancos, iluminados con unas farolas interiores que daban la idea de ir paseando por una calle con techo. Sin color, a la espera de un pincel. Todos sonreían como si fuese normal. Yo respiré tranquila cuando al bajar unas escaleras vi, a través de una cristalera límpida, la calle. Salíamos al fin. Anoche nos vimos las mismas de aquel sueño. Hacía meses que no nos encontrábamos y lo hacíamos para visitar a un amigo común, que se ha mudado a un nuevo piso hace dos meses y aún no lo habíamos visto. Tampoco está en una calle conocida, de modo que quedamos fuera, en una plaza y de allí andamos hasta esa calle lejana y el portal de su nueva casa. Cuando llegamos, vi ese pasillo largo, todo blanco. La cristalera y, a través de ella, las farolas redondas de dentro. Las escaleras que debía subir para llegar a su piso. Todo. Y todo el sueño se me vino encima, como cuando se vuelca un vaso y el líquido te sorprende mojándote el jersey. Night FeverNada tienen que ver aquellos sábados noche de discoteca lejana con los de ahora. Todo un mundo de diferencia. Aquel sonido/ruido infernal, aquel ambiente, aquellas amigas (¿qué sería de ellas?), la finalidad de salir entonces... ¿de veras podía divertirme? Anoche después de pasear viendo las luces en los árboles y de mucho hablar de cine y de las relación a distancia entre dos que no sé si existen, acabamos al final de la avenida. Subimos al ático a una hora que nos permitió elegir una de las mejores mesas. Desde allí arriba veíamos quien entraba, y quien se quedaba fuera, mirando tras los cristales: buscando. Es un lugar cálido donde sólo molestan los fumadores demasiado pesados. La música no podía ir más a tono: Barry White, Marvin Gaye y algo de whether you’re a brother or whether you’re a mother, you’re stayin’ alive, stayin’ alive. Feel the city breakin’ and everybody shakin’... me hicieron reír recordando mis estúpidos veranos pasados en aquella discoteca. Por suerte ningún Tony Manero en la pista. De rápidas respuestas Durante los últimos días no he dejado de incubar una perfecta gripe. He llegado tarde a tomar antibióticos pero, por suerte, actúan rápido.Todos estos días pasados sin nada que hacer los he dedicado a dormir de imbécil manera, llegándome a despertar a horas que dan vergüenza. El problema llega ahora, que me está costando un poco volver a levantarme decentemente: mientras más duermo, más sueño tengo. En fin, la suerte es que vuelvo a no hacer nada en un par de días, que acaban las clases (las dos: en las que enseño y en las que aprendo) en un par de días, y tampoco es que hayamos hecho mucho ayer y hoy. En clase de francés y como hay menos ganas que nunca de aprovechar el tiempo, surgió el tema del "hombre perfecto". Odio esto, así que intenté evitar zambullirme, pero no hubo suerte. De modo que hemos estado caracterizando cómo sería (en francés, lógicamente). Los adjetivos más utilizados fueron: inteligente, guapo, comprensivo, fuerte, simpático... y mientras apuntaba en la lista su traducción simultánea, intentaba pensar entre las risas de diecinueve años qué tenía que tener alguien para llamarme la atención. Y pensé. Y seguí pensando a pesar de recordar frases de amigas: - Yo sólo me fijo en sus dientes. - No me importa como sea, sólo que sepa arreglar enchufes. - Que sea limpio. Fue sencillamente horrible. Dejé de pensar. Yo no busco nada especial, no hay nada predeterminado que deba tener, saber o ser. Todo eso, sólo son frases sueltas sin sentido, dichas al azar. Me niego a hacer una lista y me niego a pensar en ello. Cuando me preguntaron a mí, contesté: sorprendente. Supongo que es mucho más que lo que ellas pedían. Al menos a mí, aún no me ha dado resultado. De las sorpresas a última horaY para concluir mi última semana activa del año recibo tres noticias: Ya cobras todo a la vuelta, en enero (genial, ¿cabía esa posibilidad?). No has sido seleccionada (aún más genial: me quedo sin beca y a pagar antes de Navidad). Hacedlo en estas fiestas (terminar todo el trabajo para enviarlo antes de regresar en enero, ha sido la mejor de las sorpresas). Anoche, en pleno deseo de llegar rápidamente a casa, cenar, disfrutar del calor de la chimenea y huir de modo estrambótico a la cama antes de dar la una de la mañana, descubro que hay alguien esperando en la puerta. Marc, tras más de ocho meses y casi 1000 kilómetros, me saludaba entremedias de una conversación telefónica con alguno de sus jefes. Estaba trabajando por aquí y aprovechaba las últimas horas para ver a la familia. Cambio de planes. De pronto mi idea de cenar y dormir, pasó a ser de beber, tapear y charlar. Aunque su móvil suena como jamás antes vi. Suena cinco minutos después de que cuelgue, así constantemente, y puede hablar durante veinte minutos o más. No sabía si volverme histérica o quedarme dormida. A las doce sigue el ritual, pero asegura que este trabajo le gusta más, porque apenas trabaja y viaja mucho. Una de las llamadas es de su mujer y hablamos con el manos libres y nos oímos las voces, y la del crío. Y la frase Igual mañana tampoco puedo ir estuvo a punto de hacerme preguntarle cuántos días llevaba sin dormir en casa y sin ver al niño. En fin. Llegué a la cama, por tanto, más cansada de lo que esperaba. Naturalmente hoy, tuve que tomarme la mañana libre por resaca (y prometo no volver a tomar pastillas para el resfriado en ayunas) mientras vuelvo a posponer lo de empezar en serio con el trabajo y escucho algo de stereophonics que me recuerda a días de lluvia y jerseys verdes con olor a golosinas. Esta tarde pienso gastarla viendo alguna película del star system de los 50 (que hace tiempo que no puedo), con chocolate o magdalenas y el gato pidiéndome algo desde el otro lado del sillón (que también le gusta ver películas a él). Como yo no tengo cena ni almuerzo de Navidad con compañeros de trabajo, por suerte, puedo pasarme las horas en pijama sin moverme del sofá. De diferencias conciliables Se acabó el esperar. No hay andenes ni estación. Calles húmedas y aire helado que no te permite apenas abrir los ojos. Me evaporo dentro de mi bufanda. Pienso en mucha gente, me enfado por saberme presa de una elección de dónde pasar la Noche de las noches del año, y olvido. Me olvido de pensar en otras opciones no válidas. Sólo es una cena, cualquier cena en cualquier sitio y cualquier noche, sin nombre propio. Acepto. Sólo somos nosotros, no importa lo otro. Hoy, a la vuelta, escondida en mi abrigo y viendo una puesta de sol que me reconcilia conmigo y con quien soy: más sueños nuevos, construidos en todas estas tardes a solas. Porque este año después de tantos conflictos interiores, de tantos desenlaces y tanto abandono, sigo aquí. Y doy un paso y me encuentro con todo lo demás. Me quedo sin remedio para lo que se ha venido abajo, pero da igual: me sonrío y comienzo a andar: ahora soy yo el tren. Se acabó el esperar. |